Tiempos violentos
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Martes 3 de marzo, 8.30 de la mañana; Córdoba y Santiago. El pibe venía arrastrando los pies, con la cara cubierta con trapos (sólo tenía una abertura para uno de los ojos); llevaba bolsas en las manos. Por puro reflejo, apunté con el celular y le tomé una foto cuando se detuvo delante de una persiana de metal; allí estuvo inmóvil, como el fantasma que parecía, hasta que advirtió que lo había fotografiado. Se apresuró hacia mí y presioné una vez más el disparador. No quiero que me saques fotos, me dijo. Le respondí que no había problemas, que lo había fotografiado porque me llamó mucho la atención, pero que estaba dispuesto a borrar las fotos. Dame el celular, me dijo. Le respondí que no se lo pensaba dar. De una de las bolsas sacó una botella para amenazarme y me volvió a exigir el celular. Ni lo sueñes, le respondí. Di media vuelta y empecé a caminar. Al los pocos pasos oigo que una chica grita ¡ay! Y justo en ese instante siento el golpe en la nuca. Trastabillé; giré y vi al pibe con la botella en la mano que me volvía a pedir el celular. Con una rodilla sobre el piso lo medí para embocarle un puñete, fue el primer impulso que sentí. Pero logré mantener la calma, di media vuelta una vez más y seguí caminando. Esta vez el flaquito quedó atrás.
Escribo estas líneas entre avergonzado y preocupado. Avergonzado porque el que generó la seguidilla de causas y efectos, al menos de este breve fragmento, fui yo. Fui yo quien primero lo violentó tomándole una fotografía por ese instinto de periodista que cargo aunque desde hace un tiempo no ejerzo profesionalmente. Y preocupado porque con cualquier otra cosa que haya tenido en la mano, un cuchillo, un revólver, la historia hubiese sido un tanto más dramática, al menos en lo que a mí concierne. Porque ya es dramática en sí misma para ese pibito que olía muy mal, olía a calle, a muchos días en la calle, a estar siempre en la calle. Durante todo el día estuve pensando qué hacer con esto, con lo sucedido y con las fotos; pensé que para algunos sería una excelente excusa para hundir más el cuchillo en las razones que explican la mano dura y la disminución de la edad de imputabilidad de los delitos. Y pensé también que mientras yo continuaba mi día, tomando un café en la oficina y viendo llover desde adentro, ese flaquito seguía en la calle con trapos cubriéndole la cara de vaya uno a saber qué que cicatrices, qué rencores. La calle exige ser bravo, eso lo sabe cualquiera, o lo intuye. Ese pibito vive en la calle, y tiene que ser bravo con los bravos y también con giles que como yo juegan a ser periodistas y van y lo violentan así. Ese pibito tenía una botella que me sacudió en la nuca (y dolió, cómo dolió… y todavía duele). Podría haber sido un arma… Ahora son las 12 de la noche. Llueve. Yo estoy en mi casa; tengo un cigarrillo entre los labios y un libro de Proust esperando que lo retome. Ese pibito está en la calle. O andá a saber dónde. Andá a saber si no se topó con otro más bravo que él. Es Argentina, estos son tiempos violentos. Y la violencia no proviene precisamente de los golpes de puño, de los botellazos. La violencia está acá, es esto, yo escribiendo, vos leyendo, afuera llueve y el flaquito que se moja entre la mugre.
Guillermo Paniaga
PD: Si decido publicar las fotografías, es porque, como se ve, lleva la cara cubierta y no se lo puede reconocer. Sólo le vi un ojo: era gris.
PD: Mi amiga La Negra, al ver el post, me dijo que cree saber quién es el chico. Como lo pudo reconocer ella, lo puede reconocer cualquier otro de quien no conozco ideas ni intenciones. No es mi deseo que se lo identifique, de ahí que he decidido ahora sacar las fotos.





Disiento con que al contarlo ahora, al abrigo de la lluvia y la intemperie, estés reproduciendo la violencia. No, lo estás humanizando,le estás confiriendo, aún de modo remoto, ciudadanía. Eso hacemos los periodistas, los narradores, los testigos, los poetas, los cronistas. Metemos una historia en La Historia. Quizás valga más que un provisorio pedazo de pan, una moneda o un náilon para la lluvia. Le diste una voz.
Bueh es como te dije una de las tantas charlar eternas que agendo para nuestros encuentros.
La violencia esta ahí, mirándonos continuamente, reclamando algo, no se bien qué. El gran problema esta en no darse cuenta del pibito con vendas en la cara, en el nene de 4 años que te quiere encajar una estampita a las tres de la mañana, cuando debería estar durmiendo, jugando, soñando.
El problema es acostumbrarse a esa violencia. Pensar que es natural.
Un abrazo. Gracias por las palabras, como siempre.
la del pibe,
la tuya,
la que hace sentir al que lo lee.
pudo haber sido peor, bién decís.
pero ilumina la historia el momento en que dejás tu instinto de embocarlo para seguir tu camino.
gracias.
se me hzo un nudo en la garganta...
me alegra que el el mundo todavia seamos muchos los que luchamos contra la violencia.
soledad impotencia resignación
qué? qué se hace?
y disiento con Eddie, los que hablamos somos nosotro/as, ello/as no, no está su voz.... y casi seguro que ni siquiera pueden escucharnos (leernos).
Verdaderamente impotente al ver q eso pasa a cada instante, en cada paso que damos, y como muchos dijeron ya, a veces no nos damos cuenta.
Gracias por tus escritos!
El único que generó la violencia fuiste vos. Él reaccionó por miedo. Por lo que contás, él arrastraba los pies, por lo que puede haber sido un toba. Ésa es una costumbre montarás de ellos... Fijate que es fácil distinguirlos cuando caminan: los tobas, a diferencia de los criollos, arrastran los pies.
Hay una costumbre indígena que también la cargan los criollos que recién llegan a las ciudades, que imagina que el alma queda atrapada en las fotos y, si bien ellos saben que eso no es cierto, muchos de esos mitos siguen vigentes en alguna parte del alma.
No le respetaste su pedido, no le devolviste su imagen y encima la difundiste en un medio sin su permiso. Eso es generar violencia por el sólo hecho de contar algo que a todos nos suena súper.
En lo personal creo que deberías borrar esas fotos y pedirle disculpas a esa persona.
Lamentablemente corren tiempos muy violentos y cualquier persona que hace algo fuera de lo "normal" es para nuestro terror paranoico un posible malviviente que está preparando algo para dañar al otro.
Ahora hay una locura mediática donde todos piden pena de muerte, venganza, más seguridad... Más seguridad implica más policías en la calle, implica más armas en manos de poca gente, más imposiciones corruptas de las fuerzas armadas policiales. Tener más policías en la calle implica un buen negocio para emplear a gente que no sirve para nada, y encima carga con un arma.
Ahora todos quieren venganza y mano dura...
Tenemos que ser todos como pablo moyano y andar calzados para que no nos pase nada? A eso llegamos?
Cuando duraba el verano sojero, estos asquerosos personajes mediáticos que piden por el fin de la vida de los chicos asesinos pero no que haya condena para los que les crearon esa realidad, no pidieron que el superávit se usara para crear trabajo legítimo, para crear más y mejores escuelas, para que se realizaran grandes campañas de prevención en cada comunidad...
Sandro, Susana, Moria... Todos pidiendo que se mate legalmente para saciar la sed de venganza. Mano dura, muerte, violencia contra violencia... y los únicos que ganan en todo esto son los policías, pues consiguen más puestos de trabajo, más armas, más dinero para ellos.
La inseguridad es el negocio de estos violentos.
De prevención, de trabajo, de educación... De eso esto no hablan los formadores de opinión.
Me fui a la mierda, perdón... Guillermo, me parece que tenés que pedirle perdón a esa persona y no andar tan hambriento de sensacionalismo.
Si yo fuera indigente tampoco me gustaría que alguien por puro gusto me fotografiara, y mucho menos que usara mi condición para publicar algo que poco tiene que ver con los problemas que está padeciendo nuestra sociedad.
Santiago.
Periodistas: "no nos muestren la realidad de aquel de menores recursos, no nos interesa, muestrennos solamente aquello que queremos ver" . Si nosotros tuvimos suerte de nacer en un hogar mejor, ¿para que ver la realidad", es muy fea.
ja ja ja ja
Gustavo
Sólo que no coincido con el hecho de mostrar lo que otro te pide que no te lleves, y hasta pide que no veamos pues elige esconder su rostro. Ojo... Yo mismo soy de sacar sin autorización fotos a personas que me impactan de una u otra forma —hay un cuanto sobre esto en las armas secretas de Cortazar—, pero no sé... es como que por lo que contás el chico se asustó de esa foto, y quiso impedir a toda costa (pero sin éxito) que te lleves su imagen. Vos fijate que te golpeó de la forma como un niño castiga a un amiguito que le hace algo malo... (claro que sólo vos estuviste ahí y yo opino desde la pobre recreación del hecho que me hago en la imaginación).
Recién cuando estuve en la ciudad boliviana de CAranavi me di cuenta de lo que es el respeto por la intimidad de la imagen. Yo sacaba fotos a eso que veía como un inframundo de miseria y contaminación, cuando un hombre arruinado físicamente me pidió que respetara a la muerte y dejara de fotografiar a los que quedan vivos. Hasta el día de hoy pienso es eso y en esa foto del chico de cara tapada vuelvo a ver a las personas arruinadas por la extracción de oro, que sienten miedo y vergUenza de que otros vean el estado de deterioro que crea la miseria.
Tal vez hubiera sido mejor preguntarle a ese chico por qué se escondía, en vez de buscar lo exótico de una imagen única (espero que no se malinterprete esto último, no lo digo con malicia pues yo mismo cazo cosas que se me antojan extrañas con la cámara).
La "key is" wichi explica muy bien lo que es la conformidad y lo que es la vergüenza. No poder crear en esta sociedad la buena costumbre da mucho miedo y vergüenza. TEnemos que tener cuidado porque estamos ante una nueva oleada de indígenas que llegan a Rosario. El cuarto año integrador de la escuela 1344 Taygoyé pasó de 28 chicos en 2007 a 48 este año. Son nuevos expulsados que están llegando a Rosario, con miedo y vergüenza, como parecía tener este chico.
Un abrazo muy grande. (la semana que viene les mando una gasetilla por una caravana contra el asesino de Ariel Pasquini, un compañero kayakero).
Santiago.